24 noviembre, 2009

La porfiada sociedad

Hoy camino al trabajo escuché a Óscar Landerretche, asesor de Frei, entrevistado por Carlos Lavín. La primera pregunta fue sobre una propuesta de reforma de las OMIL. Estas oficinas ayudan a buscar trabajo y también entregan las habilidades necesarias para lograrlo, como preparar una entrevista o saber redactar un currículum (...)

Continúa en La Pala...






Una explicación...

¿Qué pasó con este blog?

Lo principal es que me cambié de casa. Ahora pueden encontrar posts míos en esta dirección. Es un blog colectivo que está empezando a funcionar desde hace muy poco.

En adelante publicaré acá todo lo que publique en el blog nuevo, con la misma firma (socióblogo, con acento en la o que es como debe pronunciarse) con un link hacia él.

09 diciembre, 2008

Reaccionarios artistas

Si yo hubiera estudiado literatura o, tal vez, filosofía, mi tesis de grado habría sido con toda seguridad una investigación sobre el valor estético de los textos reaccionarios. La absoluta desfachatez para defender posturas indefendibles -sufragio censitario, dictadura, monarquía absoluta, integración entre Iglesia y Estado, desigualdad o lo que sea- tiene algo de romántico, de contestatario incluso y de provocador. En ese sentido, los reaccionarios son muchas veces unos artistas.

Por el otro lado, mi impresión es que los textos 'progres' o de izquierda rara vez tienen sentido del humor, con la honrosa salvedad de Marx y algunos seguidores.

Tomemos como ejemplo el siguiente párrafo de 'La iglesia chilena y el debate político', de Jaime Guzmán:

Nuestra tesis es que la posición actualmente pro-marxista del catolicismo llamado "progresista" o de los "cristianos de izquierda", es la simple deducción lógica de sus postulados, llevada por la mecánica de los hechos hasta sus últimas consecuencias. Los ingenuos, y con ellos los idiotas de todo género y nivel, han sido burdamente engañados, y son los únicos que tienen explicación plausible para encontrarse sorprendidos. Las cosas fueron más lejos de lo que ellos habrían pensado y deseado, pero la culpa de eso —más que en la impenetrabilidad de los acontecimientos y de sus proyecciones hacia el futuro— es menester buscarla en la acentuada limitación de ciertas mentes, a quienes hoy sólo queda, como último recurso, la sonrisa bobalicona del desconcierto.


Maravilloso, ¿o no?




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11 noviembre, 2008

Reductio ad doxa

Estudiar sociología no lleva a nadie a convertirse en un experto en asuntos de lógica o de argumentación, pero tengo un pequeño interés personal por esos temas.

En el curso de algunas conversaciones, he llegado a identificar uno de los argumentos que más me desagrada, que menos lógico me parece, pero frente al cual, obligado por las normas sociales, no se puede hacer mucho más que callar y cambiar de tema.

De manera muy imprecisa lo he denominado como reductio ad doxa: convertir toda conversación en un asunto de mera opinión individual, imposible de criticar sin que uno pase por intolerante con las posturas ajenas.

Funciona más o menos así. Frente a una conversación donde hay desacuerdo, el sujeto que se sirve del argumento reductio ad doxa responde de la siguiente manera:

Bueno, pero yo no creo / opino / pienso eso.

Lo que equivale automáticamente a "bizantinizar" la conversación sobre el asunto que originó el desacuerdo, al punto que ya no se puede seguir hablando y más vale cambiar de tema a algo más frívolo, si es que a esa altura todavía es posible. La falla del argumento consiste en que quien lo utiliza defiende su postura escudándose en una idea errada, para mí gusto, de la tolerancia: que una creencia u opinión individual merece ser considerada como valiosa y verdadera por el sólo hecho de ser una creencia individual, sólo por el hecho de ser emitida, y no por cómo se la fundamente.

Hay que hacer una distinción, más sociológica esta vez. Lo que en el campo de la política o de la academia podría resultar aceptable o deseable (el disenso argumentado, a partir del supuesto de que no es aceptable blindar idea alguna contra la crítica), es muy pocas veces aceptado en interacciones de otra índole. En las interacciones cotidianas, en el mundo de la vida por ponerlo habermasianamente, la tolerancia frente al disenso argumentado es mucho menor que en otros ámbitos de la vida social. En efecto, ahí el desacuerdo puede resultar bastante agotador.

Alternativamente, alguien podría decir también "la mayoría no piensa como tú, por lo tanto resígnate". Pero creo que esa forma de argumentar ya fue descrita como falaz por alguien más.

Moraleja: si está tomándose un café o un trago con alguien, muéstrese feliz y manifieste su desacuerdo cautelosamente, midiendo cada paso como gato al acecho de su presa, a menos que esté completamente seguro de que su interlocutor encuentre estimulante conversar, de cuando en cuando, sobre algo que vaya más allá de lo anecdótico.





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06 noviembre, 2008

Leguleyos

Un párrafo del reglamento de las guarderías de bicicletas del Metro, redactado por algún abogado ingenioso:

(...) el encargado de la Guardería procederá a hacer devolución de la bicicleta, previa firma del respectivo comprobante por el usuario. Una vez firmado el retiro de la bicicleta por el usuario, se entenderá que la ha recibido a su entera conformidad y que renuncia a cualquier indemnización o reclamo ulterior en relación con el estado de la bicicleta.


La lógica imbatible del párrafo me impresiona: antes de poder tener la bicicleta en las manos hay que firmar, pero una vez que se firma ya no se puede reclamar por posibles daños, que a su vez son difíciles de detectar sin tener la bicicleta en las manos.


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31 octubre, 2008

Mientras tanto, otra campaña...








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28 octubre, 2008

Obama y América Latina

Aunque todavía no ha sido publicado el Latinobarómetro, me acabo de enterar de que en la versión de este año de la encuesta se incluyeron preguntas sobre las presidenciales de Estados Unidos. Si no me equivoco, es primera vez que se pregunta por asuntos internacionales.

Estos son algunos de los resultados según The Economist:

[el estudio] muestra que el 29% de los encuestados piensa que una victoria de Obama sería mejor para sus países, contra solamente un 8% que favorece a McCain. Quizá inesperadamente, un 30% opina que es indiferente quien gane, mientras que un 31% dice no saber. El entusiasmo por Obama es particularmente alto en República Dominicana (52%), Costa Rica, Uruguay y Brasil (41%).


Otro asunto llamativo: "en Brasil, seis candidatos incluyeron 'Barack Obama' como parte de su nombre para las elecciones municipales". Parecido a lo que acá en Chile hizo Claudio Orrego, que puso carteles con una foto suya imitando a Obama en Peñalolén (gracias por el dato Xavi).

Si las elecciones en Estados Unidos son el 4 de noviembre, ¿irán a publicar el estudio entero (o, al menos, resultados más completos) antes de esa fecha?

Update: esta es la foto del cartel de Claudio Orrego. La encontré en el blog de Aldo Vega.




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27 octubre, 2008

Elecciones y low tech

Desafortunadamente estoy inscrito y voto. Pero ya que estoy obligado a ir a cumplir con el muy pretenciosamente llamado "deber cívico", al menos puedo aprovechar la ocasión para hacer un par de observaciones.

En realidad es solamente una observación: no creo que sea conveniente reemplazar nuestro mecanismo de votación por uno electrónico.

Los entusiastas tecnológicos al estilo de Nicholas Negroponte suelen predecir (y anhelar) que todo lo que pueda ser digital, va a ser digital. Siguiendo esa idea, hay mucha gente a la que le parece un anacronismo inexcusable marcar su preferencia en un papel compuesto de átomos. Sin embargo, para el caso de las elecciones, el reemplazar los átomos por bits (me parece que esa era la metáfora que usaba Negroponte) podría producir un problema grave.

El sistema actual funciona con registros en forma de libro, firmas analógicas con lápiz, un voto de papel que se marca también con un lápiz y tinta en un dedo. Este es un sistema simple, transparente, que puede ser entendido por cualquier persona y que permite que el conteo se haga de manera pública, a la vista de quien quiera presenciarlo. Si hubiese un cambio a un sistema de votación electrónica, significaría pasar de un sistema de baja tecnología a un mecanismo tecnificado, más complejo y que requeriría la operación de expertos. En este salto, creo, se produciría una pérdida importante de transparencia. Las elecciones, al menos el conteo de los votos, dejarían de ser un procedimiento que cualquiera puede entender y observar tal como ocurre hoy.

Veamos un buen ejemplo de una reforma modernizadora que fracasó estrepitosamente hace poco en parte por desechar una solución low-tech: el Transantiago. El nuevo plan de transporte público eliminó para siempre a ese agente indispensable de coordinación del sistema antiguo, el sapo, y las frecuencias de los recorridos sencillamente dejaron de funcionar. Sin un sustituto funcional de ese agente coordinador, todavía hoy se puede ver cómo pasan dos o tres micros del mismo recorrido juntas y vacías.

En estos tiempos de euforia tecnológica, no hay que olvidar la importancia que tienen y siguen teniendo las soluciones low-tech para resolver problemas de la vida social.



Foto obtenida de acá.

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