30 agosto, 2006

¡Pero si es natural!

Aprendí a ser formal y cortés, cortándome el pelo una vez por mes
y si me aplazó la formalidad es que nunca me gustó la sociedad.
Aprendizaje; Sui Generis.
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Muy seguido, pero sobre todo cuando algún desnudo público desata un escándalo moral entre los custodios de las buenas costumbres, aparece un grupo de gente a la que podríamos llamar, siendo *muy* generosos y flexibles con el término, ‘liberales’, que se opone a la gazmoñería de los primeros argumentando que es ridículo ofenderse frente a un desnudo porque ‘no hay nada más natural que el cuerpo humano’.
Este argumento de lo ‘natural’ se escuchó, por ejemplo, cuando a Janet Jackson se le arrancó una pechuga en el Superbowl y cuando una revista de EEUU mostró a una mamá alimentando a su hijo a través de esa misma parte del cuerpo. Pero este ‘naturalismo’ aparece también en otros lugares sin mediar desnudos: donde más se lo encuentra últimamente es en los comerciales de agua mineral
Es una postura llamativa, sobre todo porque contiene implícitamente la idea de que existe un grupo de gente de ánimo relajado, auténtico y ‘natural’ que se comunica directamente con la naturaleza y la comprende a la perfección, tanto así que la diferencia entre lo ‘natural’ y lo falso aparece ante sus ojos de manera clara y distinta. Aún admitiendo que eso fuera cierto, lo que ya es una concesión enorme, surge una nueva objeción: ¿por qué el hecho de que algo sea ‘natural’ lo converte automáticamente en bueno o deseable? Si es que lo ‘natural’ existiera realmente, en vez de ser sólo una invención de los hippies o de algunos publicistas –posiblemente hippies reconvertidos-, ¿cómo se puede llegar a la conclusión de que esa naturaleza primigenia es automáticamente pura, santa y buena?
Para no latear con un argumento puramente teórico, acá va una lista de algunas de las cosas que nos tocaría ver y aceptar por el simple hecho de que son ‘naturales’:

- Ventosidades corporales de todo tipo, en cualquier situación. Total, qué más natural que la digestión.
- Patadas, golpizas, combos, linchamientos cada vez que alguien tenga rabia y no la pueda controlar. Nada más natural que una emoción.
- Honestidad brutal en cualquier situación o contexto. Las verdades a la cara, sin piedad de ningún tipo. Ej: ‘Juana, te ves gordísima, estás hecha una morsa’, ‘¡Pero Adelaido, por qué me dices eso, me haces sentir mal!, ‘Pero Juana, si tu gordura es tan natural, ¿de qué te ofendes?’

Y así sucesivamente. ¿Qué es la naturaleza? ¿Lo que está más cercano a nuestro fundamento biológico? ¿Un estado de pureza originaria que se perdió cuando mordimos la manzana y nos pusimos supuestamente civilizados, corruptos, egoístas e hipócritas? Mi posición, que no tiene nada de original y que es bien predecible considerando mi formación, es que todas las cosas mencionadas más arriba serian aceptables siempre y cuando una norma, implícita o explícita, las declarara como tales y esas normas existirán siempre y sin excepción en cualquier situación en que haya dos o más seres humanos. La famosa ‘naturaleza’ no existe; no hay tal estado de naturaleza originario en que las cosas eran de una forma y, luego, un estado posterior de civilización en que las cosas son de otra forma. ¿Y la biología? Se expresa de distintas maneras en distintos contextos, así que no es tan determinante.
Tengo la impresión de que si rastreáramos este ‘argumento naturalista’ necesariamente tendríamos que pasar por alguna comunidad de hippies de los años 60, felices y contentos con su libertad sexual supuestamente ‘natural’ y comunitaria.
Otro hito clave es, sin duda, Rousseau y el buen salvaje: la idea de que el hombre ‘nace libre, pero se encuentra en cadenas’, como dice la primera frase del Contrato Social. Toda la filosofía contractualista parte de lo mismo, sólo que caracterizan a la naturaleza de maneras distintas entre sí según los intereses que quieran justificar o defender.
Esta idolatría de la ‘naturaleza’ puede tener incluso efectos perversos. Por ejemplo, como dice Fernando Sabatini, la crítica a la idea de ciudad en nombre de la naturaleza lleva a la construcción de suburbios alejados del centro, ‘comunidades ecológicas’ o barrios por el estilo. Esto produce que, a la larga, la ciudad se agranda más de lo conveniente, hay que construir carreteras, se gasta más energía en transporte, se pavimentan más kilómetros cuadrados, etc, etc, etc.
Hay algo muy conservador en el decir ‘es natural’, incluso cuando se usa para defender o justificar pechugas al aire. Supone que lo bueno está en el origen, en una raíz perdida en el pasado.

2 Comentario (s):

At 5 de septiembre de 2006, 18:21, Blogger Sólo Felipe dijo...

Tiene razón en lo que escribes. También sería natural, por ejemplo, ver una película pornográfica con menores de edad, porque ¿qué más natural que hacer el amor?
"Tu libertad termina donde empieza la del otro" dicen por ahí. Tenemos que establecer las normas básicas para poner los límites de lo que estamos dipuestos a aceptar. Buena reflexión, una paja mental, pero buena relexión.

 
At 14 de septiembre de 2006, 15:40, Anonymous mariana y punto dijo...

Lo más ridículo es pensar que lo natural es bueno sólo por serlo. Como si no hubiesen cosas naturales que hasta matan, o sea... además qué cosa realmente NO es natural??? si al final todo viene de una u otra forma de la naturaleza, no?

 

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