02 noviembre, 2006

Hacking Democracy

Hoy se estrena en HBO el documental Hacking Democracy, de Simon Ardizzone y Russell Michaels. A partir del escándalo electoral de la elección presidencial del año 2000 en Estados Unidos, en que en Florida hubo varios recuentos de votos y sospecha de errores, se examina la posible vulnerabilidad y la falta de transparecia de los sistemas electrónicos de votación. Ya se ha dicho que David Byrd, el presidente de Diebold Election Systems, una de las empresas que se encargan de proveer de sistemas de votación en Estados Unidos desde el año 2002, intentó que no pasaran el documental, pero HBO dijo no y mantuvo su decisión de exhibirlo.

La democracia de Estados Unidos ha sido la más duradera del mundo actual. Sin embargo, las democracias han sido, históricamente, un fenómeno inusitado y muy fuera de lo normal. Lejos de ser la forma de organización política más común, no sería exagerado decir que son casi una excentricidad que ha aparecido (y desaparecido) solamente en unos pocos lugares y durante períodos muy específicos. Incluso nuestras democracias occidentales (suponiendo muy generosamente que Chile sea un país occidental) son, en general, bastante recientes y se les critica mucho su supuesto carácter de tales: por ejemplo, puede cuestionarse que existen una serie de aspectos de la vida social que no son democráticos como la vida familiar, el trabajo o los colegios. También que la participación de la ciudadanía en las decisiones está restringida a ciertos momentos del ciclo político, las elecciones, o que en dichos momentos sus voluntades, intereses y necesidades pueden manipularse mediante la comunicación y el marketing.

Al parecer el documental apunta a demostrar la vulnerabilidad y la poca confianza del voto electrónico frente a los intentos de manipulación electoral malintencionada. Según David Dill, profesor de computación en Stanford quien aparece entrevistado en el sitio del documental, el problema es que "hay mucha gente involucrada en el proceso de escribir el software y mucha gente que podría haber tocado el software antes de instalarlo en la máquina. Si una de esas personas puso un elemento malicioso en el software y se distribuye a todas las máquinas, entonces esa única persona podría ser responsable de cambiar decenas de miles de votos, quizá cientos de miles a través del país".

No sé si el estreno sea solamente en Estados Unidos, o si acá también podremos verlo hoy. Acá un link a una crítica del documental y otro link a una parodia de una "consultora electoral" que presta servicios garantizados solamente en distritos con voto electrónico.

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01 noviembre, 2006

Halloween, Asterix y el "verdadero sentido".

Estamos rodeados de personas que llevan dentro el espíritu de Asterix el Galo: se empeñan en resistir heroicamente contra las arremetidas del Imperio. No se me ocurre quién podría estar haciendo las veces de Panorámix en este caso; de hecho tengo la impresión de que hace tiempo que se les perdió la receta para la poción que les daba la fuerza descomunal y llevan años buscando algún sustituto. Una lástima. La orfandad ideológica lo único que ha logrado es crear más resistencias, más angustiosas y cada vez más paranoicas.

Veamos el caso de Halloween. Ayer en Canal 13 escuché a la presentadora de las noticias, después de que mostraron unas imágenes de algo que parecía un carnaval con máscaras de brujas y diablos en Estados Unidos, decir que era positivo "conocer el verdadero sentido de esta fiesta". He escuchado y leído también infinitos comentarios alegando contra esta fiesta supuestamente gringa y puramente comercial que viene a contaminar nuestra identidad. Como si la fiesta misma no tuviera otros orígenes que Estados Unidos, cuando la verdad es que la fiesta es celta y en ese mismo país se debe haber modificado infinitas veces respecto de sus raíces. Incluso en Chile la fiesta de Halloween no es una copia perfecta de la celebración de Estados Unidos, sino que también se adapta para calzar con la cultura local. El Mercurio de hoy da un excelente ejemplo.
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La fusión de la cultura con el mercado es un aspecto característico del mundo actual y puede constatarse en el enorme desarrollo de industrias culturales con influencia internacional. El papel de estas industrias como agentes de cambio cultural ha sido gigantesco; es a través de los medios de comunicación, de las películas, de las series de televisión, de los video clips de MTV, de YouTube, de la música y de otros productos de esas industrias que rasgos culturales extranjeros han penetrado en culturales locales, dando origen a las más variadas mezclas.
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No hay culturas impermeables, sino que están siempre influyéndose, modificándose, cambiando con el tiempo y aceptando las más diversas influencias, tanto de otras culturas como de los individuos que la conforman y la crean a cada momento. La difusión cultural es un movimiento constante y como dice Marvin Harris, "este proceso es tan frecuente que cabe afirmar que la mayoría de los rasgos hallados en cualquier sociedad se ha originado en otra". ¿Cuál es entonces el "verdadero sentido" de una tradición o costumbre? ¿No será que el "verdadero sentido" sencillamente no existe y es un cuento de quienes se obsesionan con lo local?
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Algunos lo miran con angustia y recelo: se trataría de la pérdida de la identidad local a manos de un occidente prepotente e imperialista, asunto frente al que hay que reaccionar defendiéndose y refugiándose en concepciones identitarias esencialistas, lo que implica negar todo cambio. "Identidades de resistencia", las llama Manuel Castells. Este es el discurso más típico y simplista: la identidad nacional es una sola, está fijada desde la esencia (que ellos conocen, pero que nunca se explica racionalmente como si la identidad fuese una especie de espíritu) y las influencias extranjeras no hacen sino destruirla. Es la identidad en versión Huasos Quincheros, aunque también se da en mucha de la izquierda globalifóbica. La diferencia es que en el caso de la izquierda es el origen de la influencia lo que determina el valor de aquella: es con la Coca Cola el problema, pero no con el ron cubano.
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Otros afirman que la globalización destruye todo el proyecto moderno de una cultura cívica ilustrada y nacional impuesta desde el Estado mediante la educación pública y fundada en los valores de la Ilustración, como si la modernidad no hubiera sido universalista (globalista, en el vocabulario actual) desde un principio y como si el único proyecto moderno hubiera sido el francés. Otras críticas similares dicen que la globalización produciría una especie de esquizofrenia cultural, creando una "inmensa distancia entre los habitantes (...) de una aldea perdida del altiplano boliviano y las películas de Hollywood que ven. Lo que hay que percibir (...) es la fragmentación creciente de la experiencia de individuos que pertenecen simultáneamente a varios continentes y varios siglos", como dice Alain Touraine. ¿Y es que acaso las distintas culturas, la local y la de "Hollywood" por seguir con el ejemplo de la cita, no se fusionan nunca, sino que permanecen eternamente aisladas entre sí produciendo esta famosa "fragmentación creciente de la experiencia"? Raro, por decir lo menos. Cualquier antropólogo podría refutar al angustiado de Touraine.

Los dejo con un clásico capítulo de Charlie Brown llamado La Gran Calabaza. Enjoy it.