22 febrero, 2007

Autorreferencia II

Cuantinuamos con la serie de recursividad iniciada con el cartel autorreferente del post anterior. Ahora me encontré con una función matemática que, al graficarla, entrega un resultado bastante especial. Para verla, hagan click aquí.

No lo he revisado con atención (estoy de vacaciones) pero se ve entretenido, teniendo en cuenta que se trata de matemáticas, un tema esencialmente fome.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecer el gentil auspicio del Café Palace de Valdivia, que cuenta con wi-fi.

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10 febrero, 2007

Autorreferencia


Esta foto un tanto absurda es de esas que se hacen famosas en Internet y que aparecen en blogs, emails, foros y otros. ¿Dónde está el absurdo? Se trata de un cartel que advierte sobre el peligro de chocar con la cabeza contra el mismo cartel.


Esta paradoja seguramente le sonará familiar a cualquiera que haya estudiado, por gusto o por obligación, a Niklas Luhmann, sociólogo alemán ininteligible como pocos (nada de raro: aprendió del maestro) y destacadísimo exponente de la teoría de sistemas. El lenguaje circular y paradójico que se encuentra en sus libros puede resultar desesperante al leerlo por primera, por segunda y por tercera vez también; a veces realmente parece decir cosas como "un sistema es un sistema cuando es un sistema". Claro que en el caso de este autor lo que ocurre es que la paradoja es parte de la teoría. La autorreferencia es una propiedad de los sistemas sociales.

Acá hay otra, tomada desde más lejos.

Tal vez lo que pasó fue que en el mall donde se tomó la foto contrataron a un sociólogo discípulo de Luhmann y con un sentido del humor muy peculiar y extravagante. Quizá el cartel cumple alguna función que no se alcanza a entender desde la perspectiva de la foto. Veamos si alguien tiene una hipótesis plausible (o ni tan plausible, total para el caso qué más da) que explique el asunto.

Vía: LushLush

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01 febrero, 2007

Meme: Cándido, de Voltaire.

No actualizo hace más de un mes y he decidido volver. Hay novedades: me integré al equipo de TELÉFONO ROJO, así que escribiré sobre actualidad ahí desde ahora en adelante. De todos modos
este blog seguirá existiendo.
Felipe me mandó un "meme" hace un tiempo y he aquí mi respuesta. El asunto consiste en agarrar el libro más cercano, abrirlo en la página 123, ir a la quinta frase y transcribir. Aquí va:

    -¿Cree usted -dijo Cándido- que los hombres se hayan siempre degollado como lo hacen hoy? ¿Qué hayan siempre sido mentirosos, impostores, ingratos, bribones, débiles, inconstantes, bellacos, envidiosos, golosos, ebrios, avaros, ambiciosos, sanguinarios, calumniadores, disolutos, fanáticos, hipócritas y necios?
    -¿Cree usted –dijo Martín- que los milanos se hayan siempre comido a los pichones, apenas hayan podido encontrarlos?
    -Sí, indudablemente.
    -Bien, si los milanos han tenido siempre el mismo carácter, ¿por qué los hombres podrían haber cambiado el suyo?



Mi versión de Cándido la compré en Italia por apenas 4,99 euros. El trozo que puse acá es una traducción mía de esa edición.

La gracia de Cándido es que arremete sin piedad contra el optimismo, representado por el personaje del doctor Pangloss, quien se las arregla para argumentar que vivimos en el mejor de los mundos posibles a pesar de todas las tragedias por las que pasa Cándido cuando lo expulsan del castillo de Thunder-ten-tronckh. En su versión popular, el optimismo se presenta en forma de refranes o dichos muy conocidos: "no hay mal que por bien no venga", "todo pasa por algo" y así sucesivamente. Sin embargo, la verdad es que a menudo uno no entiende las causas de las cosas que observa y experimenta o, a veces, las causas son tan infinitamente absurdas, estúpidas y azarosas que son difíciles de creer.

El optimismo de Pangloss supone que existe un plan intencionado en el universo y que el sentido de dicho orden es el bien. Incluso el mal es parcial y temporal. El mal, en esta visión, es parte del diseño universal del bien en que todo rima, todo armoniza, incluso los conflictos y disputas. En suma: no hay mal que por bien no venga.

Para Voltaire, uno de los primeros pensadores ilustrados en Francia, aparentemente este plan no existía. Toda la intención de la novela es burlarse de la filosofía optimista de tipos como Leibniz que estaban en boga en ese entonces. Para ejemplificar,
se le atribuye a Einstein haber dicho que "Dios no juega a los dados con el universo". Para Voltaire, Dios no solamente no juega a los dados, sino que sencillamente no juega a nada. A lo más se dedica a mirar desde lejos la imbecilidad humana, pero no interviene y deja que las cosas se desenvuelvan por sí mismas. Esta postura frente a la fe es lo que se denomina deísmo.

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