27 junio, 2007

Sociología y humor

El otro día releyendo sobre la teoría de la anomia de Merton me di cuenta de un asunto entretenido: bautizar como ‘innovadores’ a quienes usan medios no legítimos para conseguir fines socialmente producidos y legítimos tiene un fuerte dejo de ironía. No es que Merton haya sido particularmente irónico o que a los sociólogos se les dé muy bien el humor. Es que si en una conversación informal uno dice ‘es un innovador’ para referirse, por ejemplo, a un estafador (consigue fortuna mediante el engaño), a un mafioso (poder mediante la extorsión) o a canallas de todo tipo, uno puede pasar por un sujeto con gran sentido del humor.

La necesidad de la sociología de inventar conceptos generales para explicar o nombrar fenómenos sociales lleva a que se inventen palabras que potencialmente pueden sonar como descripciones irónicas, distantes y desapegadas. Por supuesto entre muchos sociólogos lo que abunda no es el sentido del humor. Hay una triste tendencia a escribir parrafadas gigantescas, densas y lateras, supuestamente muy intelectuales y sesudas, pero ridículamente pretenciosas y a veces demasiado ambiguas, cuestión que no ayuda en nada a hacer más inteligible la sociedad. Un lenguaje científico (si es que la sociología es una ciencia, cosa que yo sostengo) debiera ser tan simple y libre de ambiguedades como sea posible, y tan distinto como se pueda de un trabalenguas barroco. Hoy hay muchos posmos dando vueltas por ahí a los que sencillamente no se les entiende, lo que puede resultar sumamente conveniente para defender la falta de ideas: "no, yo no quise decir eso, es que tú entendiste mal mi teoría".

Marx es otra cosa. Posiblemente uno de los mejores escritores que haya tenido la sociología en toda su insignificante historia, mezcla la capacidad de abstracción de una gran teoría con un lenguaje comprensible y se permite cultivar un estilo burlón, un humor elegante. Pensemos en la correspondencia que se conserva de Marx, por ejemplo la carta a Pável Vasílievich en que comenta un libro de Proudhon:

El único punto en que estoy completamente de acuerdo con el señor Proudhon es en su repulsión hacia la sensiblería socialista. Antes que él me he ganado ya muchos enemigos por mis ataques contra el socialismo borreguil, sentimental, utopista. ¿Pero no se hace el señor Proudhon ilusiones extrañas cuando opone su sentimentalismo de pequeño burgués --me refiero a sus declamaciones acerca del hogar, el amor conyugal y todas esas banalidades-- al sentimentalismo socialista, que en Fourier, por ejemplo, es mucho más profundo que las presuntuosas banalidades de nuestro buen Proudhon? Él mismo comprende tan bien la vaciedad de sus argumentos, su completa incapacidad para hablar de estas cosas, que se lía de pronto la manta a la cabeza y pronuncia furiosas tiradas y exclamaciones (irae hominis probi), vocifera, despidiendo espumarajos por la boca, jura, denuncia, maldice, se da golpes de pecho y se jacta ante Dios y ante los hombres de hallarse puro de infamias socialistas. Se desvela por criticar el sentimentalismo socialista o lo que él toma por sentimentaIismo. Como un santo, como el Papa, excomulga a los pobres pecadores y canta las glorias de la pequeña burguesía y las miserables, amorosas y patriarcales ilusiones del hogar.

Ahora bien, Luhmann (por ejemplo) tiene una teoría compleja y sumamente abstracta, por lo que se justifica y se entiende la complicación. El problema está en que, como los enredados para escribir son frecuentemente estudiantes de pre-grado que se creen Foucault o sociólogos inéditos por ahí, el lenguaje ostentoso suena bastante triste, cursi y snob.
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8 Comentario (s):

At 27 de junio de 2007, 17:25, Blogger Claudio dijo...

Denitivamente tu comentario no deja de ser atinado, principalmente porque en términos de una carrera eminentemente "teórica" la acción (o la puesta en práctica de la teoría) se basa en la capacidad de argumentación en favor o en contra de esta. O sea, los sociologos somos tan competitivos y egocentricos que si el otro no nos entiende es porque, simplemente, es tonto...

Y a pesar que Foucault o Deleuze tienen de por si el suficiente peso como para demostrarse influencia (viniendo de la filosofia, ese mal sociologico que a veces da gusto y otras veces pena... esta ultima en manos de los propios estudiantes), uno de los peores dramas es, simplemente, la gente que los lee y los sigue al pie de la letra...

Si te interesa, hay un libro llamado "la imaginacion sociologica" de C. W. Mills, uno de los brillantes, menos densos y con más actitud de los sociologos que he leido.

 
At 27 de junio de 2007, 18:54, Blogger nadie dijo...

Bueno, le agradezco lo marxiano que se puso. Yo no culparía a foucault de los foucoultianos (Mucho menos a Lacan por los Lacanianos, hay que ver lo que es esa espcie). Mal que mal la filosofía francesa es distinta a la anglosajona no mejor ni peor. Quizás lo tremendo es la mezcla intragable de teorías contradictorias como postestructuralismo y psicoanálisis, que le gusta tanto al pueblo académico. O aquí voy con el comentario inadecuado los discursos "estético culturales" de la Nelly Richards. Francamente. Creo que Marx era un gran tipo, eso.

 
At 29 de junio de 2007, 02:05, Blogger rodrigo sepúlveda dijo...

Los clásicos permiten ordenar un poco la cosa, respecto de cada cosa a ordenar, sobre todo claro está: problemas de orden clásico. Me queda la impresión de que la crítica apunta a la “rarefacción” del discurso sociológico, solo para ejemplificar y polemizar con la por cierto inadecuada beatriz, no veo como se puede establecer una demarcación, por ejemplo, entre nietzsche y el psicoanálisis, y luego de todo el discurso post estructuralista, como si esta demarcación fuera un problema de lo real y no un problema necesariamente de lo moderno: la (producción de) realidad como problema (acontecimiento). El programa foucoultiano, sin duda puede a-parecer más claro (discurso clásico) contenido tal vez en alguna parte de los grundisse, la fenomenologia de espíritu, o la metafísica, mi polémica apunta en este sentido(jerarquía de prioridades) a las consecuencias reales del dominio discursivo válido y su reproducción social.

 
At 29 de junio de 2007, 06:29, Blogger moraliaminima dijo...

Hola, me gusta mucho el enfoque de este artículo, será porqué creo que tienes razón. La jerga de la sociología en los últimos años sigue siendo triste, llena de tecnicismo y sobre todo snob, especialmente en Latinoamérica. Siempre he luchado contra esto, y sin embargo más de una vez he caído en dichos errores, inevitable por la formación que recibí supongo…un saludo!

 
At 1 de julio de 2007, 03:21, Blogger rodrigo sepúlveda dijo...

Debo “reconocer” que admiro la producción teórica del trabajador proudhon, conceptos mejorados como el “error de cuenta” que el universitario marx llamó luego plusvalía no implican que anduviera por mal camino. Por otro lado siempre he creído que fourier tiene algo de foucoultiano; cuando anuncia que la revolución traerá ríos de limonada, o era cerveza?, no! ese era stirner.

saludos saturninos peripateticos

 
At 3 de julio de 2007, 02:20, Blogger socióblogo dijo...

No sé realmente si Beatriz es tán inadecuada o no, porque de Lacan no entiendo nada. De todos modos celebro su inadecuación en este caso, ja.
Los clásicos sirven para problemas clásicos, de acuerdo. Mi problema suele ser que es en los clásicos (no necesariamente los clásicos de la sociología) donde encuentro más inspiración. Constant, De Tocqueville, Voltaire, Montesquieu, etc. En cambio una vez me ocurrió que una fotocopia de Gilles Deleuze terminé arrojándola por los aires y nunca más la recogí del lugar donde cayó. Un buen día Yerko el villano invitado vino a mi casa, leyó 'Esquizofrenia y Capitalismo' en un papel en el suelo, lo recogió y se lo llevó de vuelta a Valdivia, ávido por leerlo. Yo me sentí liberado.
Me niego a leer a Deleuze. Digan lo que quieran, lo digo más fuerte: ME NIEGO A LEER A DELEUZE.

 
At 3 de julio de 2007, 02:22, Blogger socióblogo dijo...

Claudio: Conozco el libro y disfruté bastante con la 'traducción que hace de Parsons. Realmente muy bueno.

 
At 18 de julio de 2007, 18:26, Blogger Vicente Vadich dijo...

Si es que Marx, de no haberse dedicada a la historia del materialismo y otras yerbas, hubiera hecho buena carrera. Varios párrafos del Manifiesto aún me enardecen el pecho. Se extraña esa capacidad suya en El capital, donde por necesidad recurre a un lenguajede de empirista masticado.

La carta no la conocía, y da cuenta de cuánto habría odiado Marx a los movimientos latinoamericanos (bueno, MÁS todavía).

Me di cuenta de que no te había comentado antes, error del que me redimo ahora. Buen blog, se espera con entusiasmo ese ensayo sobre ese "innovador" por excelencia.

 

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