31 julio, 2008

Universalidad y relativismo

A propósito del último post, supongo que a muchos les resulta sumamente extraño escuchar a sociólogos hablando de universalidad. Esto porque, supuestamente, uno debería ser más sensible a la diferencia, a la especificidad. También, supuestamente, uno debería practicar más la sospecha y ser capaz de desenmascarar la idea de universalismo: una fachada discursiva que intenta ser plausible, pero que sirve para camuflar lo innombrable, es decir, dominación, sometimiento e imperialismo.

Supuestamente. Eso parece ser lo que se espera de uno, tanto entre los amigos como entre los sociólogos "críticos".

Acá podría extenderme largamente sobre las dificultades que encuentran los sujetos como yo al haber estudiado una carrera como ésta. Las dificultades, por ejemplo, para conciliar en el fuero interno la teoría política liberal (Constant, Rawls, Berlin, etc.) con la teoría social (Bourdieu, Foucault, etc.). Pero en verdad voy a detenerme muy brevemente en un problema bien puntual: el del relativismo cultural.

En verdad, no es nada tan original. El relativismo cultural, en pocas palabras la idea de que no existen culturas mejores que otras, puede ser compatible en la práctica con la idea de que existen valores universales (los derechos humanos, por ejemplo) que uno considere inviolables. El truco consiste en asumir el relativismo, pero solamente como una postura metodológica, sin trasladarla automáticamente al plano político-moral.

Lo que ocurre es que sin el relativismo como postura metodológica es imposible hacer una buena investigación. Si uno se acerca a un objeto de estudio con ánimo de juzgarlo o de condenarlo al infierno, el resultado final a lo más se asemejaría a un pésimo reportaje de denuncia, no a una auténtica investigación social. En definitiva, sin ser metodológicamente relativista no se puede entender nada.

El problema está cuando se lleva esa postura demasiado fácilmente al plano político-moral. Ahí es cuando aparecen las dificultades, por lo que decía al principio: parece que es común esperar que un sociólogo sea relativista en todos los ámbitos. Sin embargo, es perfectamente posible separar una cosa de la otra, en otras palabras, uno puede tranquilamente sostener que la lapidación o la ablación del clítoris son dignas de salvajes y no por eso ser un mal sociólogo.


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